SABER ELEGIR
No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca..
(San Juan 15:16)
Siendo un adolescente conocí a un hombre mayor, un indigente con quien establecí cierta amistad. Nunca supe dónde dormía, pero siempre lo conseguía en el camino.
El indigente con su ropa vieja, sucia y maloliente, con sus cabellos desordenados y sus ojos tristes me dijo
un día: “Cuando yo era joven mi mamá enfermó y en lugar de acompañarla me fui a la iglesia y al regresar, mamá había muerto”.
Y terminó diciéndome:
“Dejar de amar a Dios por amar a Dios no es amarle”.
Y esta es la verdad: Más allá de la fe y de las pasiones, de las prioridades y compromisos,
debemos tener un atinado discernimiento para saber puntualmente qué debe hacerse.
En donde deberíamos permanecer ante la pérdidas y las dificultades en Cristo Jesús porque alli encontramos consuelo y paz para nuestra alma.


