DIOS ES NUESTRA ANCLA
“Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado”
Salmo 23:4 NVI
Nadie va por la vida sin contratiempos. Todos nosotros enfrentaremos tormentas de vez en cuando.
El verdadero problema es cómo respondemos a ellas. ¿Qué pasa después? ¿Los contratiempos te dominan? ¿Dejas de intentarlo y te rindes?
Si no tenemos cuidado, los contratiempos nos llevarán a tomar decisiones innecesarias:
Nos desvían de nuestras metas. Escuchamos esa vocecita en nuestro interior que pregunta: “¿De qué sirve intentarlo?” Y dejamos de esforzarnos por lo que Dios claramente nos ha llamado a hacer.
Nos llevan a descartar lo que valoramos.
A veces, tras un periodo de intenso sufrimiento, nuestras prioridades cambian —dejamos de lado lo que antes nos importaba mucho.
Nos hacen perder la esperanza en nuestro futuro. Pensamos que estamos condenados, acabados, que todo ya se acabó.
Como pastor ya por más de 22 años, he visto a muchas personas reaccionar a las crisis en una de estas tres formas.
Descubrí que la verdadera prueba de la fe no es qué tan alto saltas cuando cantas alabanzas a Dios, sino qué tan recto caminas cuando estás atravesando el valle de sombra de la muerte.
Siempre estarás a la deriva en una tormenta sin el ancla adecuada. Y hay solo un ancla que realmente te servirá.
La presencia de Dios es la mayor y más poderosa ancla en cualquier situación.
Amig@
Cuando te sientas ya sin esperanza, recuerda que Dios no te ha dejado.
Hazlo tu ancla sólida como una roca.
No importa cuán oscuro sea tu valle, nunca has estado más cerca de Dios que en este exacto momento.
Cuando hago esa afirmación a las personas que están pasando por contratiempos, a menudo me dicen: “Bueno, no siento su presencia”.
Pero realmente no tiene nada que ver con cómo te sientes. La Biblia dice que Dios está allí en tu valle más oscuro. Esa es la realidad, lo creas o no.
No importa por lo que estés pasando, Dios y su amor están ahí contigo.
